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09 DE AGOSTO DE 2012
Querido papá: Es increíble que hayan pasado ya quince años desde que esa mañana en Cúcuta los guerrilleros del Eln de manera torpe y bárbara acabaron con su vida. Quince años durante los cuales la justicia nunca supo dar con los autores materiales e intelectuales de su asesinato a sangre fría. Quince años durante los cuales Colombia todavía no ha sido capaz de terminar este doloroso conflicto, a pesar de los avances evidentes en materia de seguridad. Quince años en los que sus nietos se han convertido en adolescentes con sueños e ilusiones y se preguntan por la vida de ese abuelo del que tanto escuchan hablar en la familia, en los medios locales, en las tertulias cucuteñas. Quince años que sin duda han contribuido a disminuir los dolores en el alma pero no a desaparecerlos. Quince años que no han sido suficientes para que la gente del Eln reconozca sus actos, sus equivocaciones y pida perdón. En fin, quince años durante los cuales las alegrías y los éxitos propios de la vida no se han disfrutado con tanta intensidad y las tristezas y decepciones no se sienten en forma tan profunda. Su ausencia papá es una herida abierta que jamás terminará de sanar.
Este último año ha sido intenso. Como recordará, finalmente en mayo del año pasado logramos la aprobación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras. El liderazgo y el compromiso del Presidente Santos con la iniciativa fueron decisivos y a pesar de los tropiezos y obstáculos que encontramos, finalmente el país pudo contar a partir del 10 de junio pasado con una ley que reconoce y dignifica a más de cuatro millones de compatriotas víctimas de esta guerra que nos privó también de su compañía. Hoy estoy más convencido que hace un año de la trascendencia histórica de la ley y la capacidad que tiene para transformar la estructura de la sociedad colombiana y avanzar de esa manera hacia la reconciliación nacional. Hoy tengo más claro que antes que mi paso por el Senado, al que llegué en medio de la desolación y la tristeza causada por su desaparición, ya está plenamente justificado. No habrá nada más importante por hacer en el Congreso hacia adelante y nunca he sido una persona acostumbrada simplemente a calentar la silla de manera facilista y cómoda.
Una vez puesta en marcha la Ley nos dedicamos a trabajar por garantizar su cabal aplicación y esa ha sido la tarea prioritaria durante este tiempo. Sus enemigos redoblaron esfuerzos en contra desde la extrema derecha y la extrema izquierda del país, desde la legalidad y la ilegalidad. Por ello conformamos una alianza ciudadana y partidista con el propio jefe de estado que generó la marcha de Necoclí al iniciarse este ano, en la que más de 30.0000 campesinos y despojados, víctimas de todos los colores, expresaron su apoyo a la ley y a la política del gobierno frente a las víctimas. Y aunque las dificultades no faltan, es claro que se avanza por buen camino en su implementación, las entidades encargadas se consolidan y el panorama para las víctimas cambió radicalmente. Obviamente los enemigos gratuitos fustigan al gobierno por la “” ausencia de resultados”, olvidando que la ley tiene una vigencia de diez años y no llevamos ni diez meses de aplicación. Pretenden perversamente que en un ano el estado colombiano haga por las víctimas lo que no se hizo en cuarenta largos años de indiferencia y abandono.
También tuvimos elecciones regionales en octubre del año pasado papá. Andrés terminó de candidato oficial del partido a la alcaldía y tras una dura campaña contra Donamaris por el Partido Verde y Goyo Angarita por la U y los conservadores, terminamos perdiendo la alcaldía con Donamaris , quien en una efectiva campaña con la vivienda como bandera electoral, logró una limpia victoria. Sin embargo, los resultados generales para el partido en el departamento fueron más que buenos. Recuperamos las mayorías en la ciudad de Cúcuta y la lista liberal al Concejo fue la mayoritaria eligiendo cinco concejales y se mantuvieron los dos diputados, perdiendo la tercera curul por menos de 100 votos. Y Andrés llegó casi a los 70.000 votos tras una buena campaña en la que logró calar con su carisma y simpatía en las bases populares. Con su candidatura el liberalismo recuperó su vocación de poder en Cúcuta y se consolidó una alianza con sectores de Cambio Radical y conservadores que nos permitió ganar de manera amplia la gobernación con Edgar Díaz, quien viene cumpliendo una buena labor con seriedad, transparencia y capacidad de trabajo. Hoy el partido apoya no solo al gobernador que contribuimos a elegir, sino al alcalde Donamaris, con el propósito de conformar un equipo que permita superar las graves dificultades que en materia social, de infraestructura y seguridad afectan al Norte de Santander. Apostamos al éxito de los dos gobiernos que comenzaron con ganas, liderazgo y deseos de acertar.
En el plano personal e intelectual este ha sido el ano más satisfactorio de mi vida. Con la editorial española, Ediciones B, se publicó un libro sobre el tortuoso trámite de la ley de víctimas. Un relato sobre los orígenes de la iniciativa, su inspiración, los principales tropiezos, su muerte y resurrección y sus principales amigos y contradictores. La Guerra por las Víctimas, Lo que Nunca se Supo de la Ley es su título y ha sido tan exitoso que ya pronto saldrá la segunda edición. Su presentación se hizo en Bogotá el 14 de junio pasado con la presencia del Presidente Santos, quien en un emotivo y generoso discurso reiteró su reconocimiento al impulso que dimos a la ley y destacó la utilidad histórica del libro. Una semana después lo presentamos en Cúcuta, en medio de muchos de sus amigos. En las próximas semanas emprenderé una gira por el país para diversas presentaciones. El libro tuvo gran despliegue en los medios nacionales y su prólogo y presentación fueron escritas por Héctor Abad y María Jimena Duzán.
La idea surgió pocos meses después de la aprobación de la ley por parte de varios amigos que me persuadieron de su conveniencia y me dediqué entonces a recopilar toda la documentación del trámite de la iniciativa para después encerrarme un mes en el exterior para escribir la historia, que no es más que un recuento de los principales episodios, confrontaciones y acuerdos en torno a la iniciativa. Debo confesarle papá que para mí además fue una especie de catarsis tardía de todo este sufrimiento y tristeza desde su partida.
Y para rematar todo este proceso regresamos a Grecia tras quince años de aquella inolvidable y trágica siesta en Corinto. No solo quería recorrer los propios pasos sino especialmente llevar a Daniela, quien tenía escasos dos años cuando nos robaron su compañía. Fue muy importante pasar nuevamente por el Canal de Corinto y contemplar su majestuosa belleza, caminar por Plaka como lo hicimos las tardes que estuvimos juntos en Atenas, subir hasta la Acropolís y mostrar a Daniela la casa en donde ella pasó sus últimos momentos con su abuelito Jorge, a quien ella no alcanza a recordar. Sin duda un viaje triste y nostálgico y al tiempo emocionante, que consideraba indispensable desde el fondo de mi corazón. Esos tres días en Grecia siempre estuvieron marcados por su imagen, su presencia, su generosidad sin límites.
Como si fuera poco en este ano de su fuerte y especial presencia, papá, le cuento que hace apenas dos semanas volví a despachar en su consultorio tras varios meses de ausencia debido a la remodelación que hicimos porque se nos estaba cayendo encima. Durante estos 15 años me resistí silenciosamente a hacer algo a la vieja casona porque quería mantener todo igual a como usted lo dejó. Finalmente me derrotaron las evidencias y hoy no reconociera su viejo consultorio que, preservando la identidad antigua, respira modernidad. Este fin de semana llevaré fotos grandes suyas, recuerdos de campana y fotos de los últimos años de actividad para imprimir su sello y personalidad a un espacio que por siempre será el suyo y del cual nosotros somos simples visitantes.
Como podrá ver, papá, este fue un año muy especial durante el cual usted estuvo presente en forma permanente y cercana, como si no hubieran pasado tantos años desde su dolorosa partida. Su recuerdo se mantiene intacto, su ausencia aún se siente en cada momento y su ejemplo seguirá animándonos a hijos y nietos que jamás tendremos como agradecer su bondad, su amor, su entrega sin límites a su gente. Mientras tanto, seguiremos esperando la oportunidad de perdonar a quienes inútil y salvajemente lo acribillaron al frente de su consultorio. Solo esperamos la verdad y la solicitud de perdón tras quince años de silencio. No exigimos más, pero tampoco menos. ¿Será mucho pedir?
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